8.8.16

CALANDRACA  ¿De piedra o de tubo?
La  carnada es un componente que solo a los inexpertos se les pasa de cuenta en los preparativos de la pesquería. 
A lo largo de los años, los aficionados de la Isla han ido reajustando la prioridad de los diversos tipos de carnada.En los tiempos de auge de las flotas pesqueras cubanas y los convenios con las de aquellos países socialistas que nos arropaban con su solidaridad y a veces nos libraban de tener que empeñarnos por nuestra cuenta en las áridas rutinas cotidianas del desarrollo, usábamos alegremente el calamar para la pesca marítima. Luego este molusco retiró sus cardúmenes a otras mesas y el chicharro era el alimento esencial, al punto que, en una cola del supermercado podía escucharse a una preocupada ama de casa:
― No tengo nada para comer: ¡Tengo el congelador lleno de chicharros!
Entonces comenzamos a usar el chicharro, fresco, lo mismo ensartando una suculenta cabeza en un anzuelo número cuatro, al extremo de un nailon de 63 libras de resistencia, que preparándole en filetes cortados de las bandas, a medida para anzuelos del 2/0, o salados y secos en cuadraditos, para llevar el domingo a la pesquería de sedal fino donde el ronco es el más abundante saldo.
Como el  chicharro acabó por atracar al refrigerador de casa solo cuando aparecen las dietas contra el colesterol, la previsión del material para encarnar hubo de volverse más creativa: aparecieron las carnadas tomadas directamente del medio natural. Desde que cae la primera lluvia del año el cangrejo se encueva cerca de las orillas; y otras veces escucha hablar usted del macao, o de otro crustáceo que llaman “macarela”, o del bicho esponja, que se corta en anillos negros y expulsa un licor que mancha y huele a diablos, pero atrae la picada.
Pero nada como la calandraca. La calandraca de tubo o la calandraca de piedra. Seguramente se le conoció desde el comienzo de los tiempos en este archipiélago, pero su uso se extendió en los noventa, junto con todo lo demás que esa tremenda década trajo al país de Polo Montañez y Leonardo Padura.
Se trata de un gusano poliqueto marino, que aparece en muy diversas formas y colores. Tiene una forma apropiada para ensartar en el anzuelo, una longitud que permite aprovechar cada ejemplar en cuatro o más carnadas; es resistente y muy atractivo para algunas especies de peces que toman su alimento del fondo.
Los pescadores llaman “calandraca de tubo” a la que se colecta en fondos arenosos mediante una pala de punta o un largo fleje metálico con un extremo afilado, que algunos construyen usando una hoja de suspensión automotriz (el muelle del carro, hermano). Esta herramienta se introduce en el fondo y al levantar el material y verterlo sobre un tamiz de malla amplia (un cuarto de pulgada), uno verá una especie de tallos blanduchos que son las vainas construidas por la lombriz para resguardarse, recubiertas por granos de arena. Presionando por un extremo, el animal saldrá y continuado la presión hacia el extremo por el que él aparece, caerá por completo en nuestra mano. Ahora la otra.
La calandraca de piedra sí que es dura. Ella taladra el seboruco calizo del fondo y hace galerías a las que no puede llegar ningún animal, excepto el que porta una mandarria y golpea el fondo y a veces lo hiende con un cincel y una hachuela. No es un procedimiento  agradable al medio ambiente, por el destrozo que provoca el buscador en áreas coralinas. Un sobrecito de papel con menos de una docena de calandracas puede costar 15 pesos en ciertos poblados costeros del oeste de la capital. Hace años una revista española publicó la foto de una caja llena de serrín dentro de las cuales se exportaban, de Portugal a España, gusanos poliquetos marinos para su empleo como carnada en la pesca deportiva. De algo puede uno estar seguro, y es de que un comercio de ese tipo tiene como origen la cría artificial de tales especies; una industria que seguramente genera empleo, promueve el deporte de la pesca –y su rica vena turística- y libera al medio ambiente de una carga depredadora. Ah, nuestros investigadores en las ramas biológicas de las ciencias del mar, qué buen favor nos harían si se investigara el impacto que esta práctica causa, y se diera una solución que evitara el deterioro. 
Estas especies, integrantes del bentos, no son desconocidas para la ciencia cubana. Buscando en internet, hallamos en la dirección http://www.cbd.int/doc/world/cu/cu-nr-04-es.pdf, información sobre un Catálogo de poliquetos de Cuba, publicado por el Acuario Nacional, en el que se registran 427 especies de este tipo de organismos, enlistados para Cuba. Esto significa que en las últimas tres décadas se le ha brindado notable atención a este grupo biológico, pues en 1981 un trabajo publicado por la Revista de Investigaciones Marinas * refería que se habían contabilizado 112 especies de poliquetos marinos sedentarios en las aguas de Cuba, de las cuales 58 eran probables, lo que dejaba 54 especies como comprobadas.
Para mayor información, buscar el Catálogo de Poliquetos de Cuba y el Catálogo ilustrado de tipos de los poliquetos descritos para Cuba en la página web del Acuario Nacional de Cuba (www.acuarionacional.cu) y en el Portal Oceánico (www.portaloceanico.net). La lista sistemática de las 427 especies se encuentra en la página web http://www.ecosis.cu/cenbio/cenbio.htm, formando parte de las listas de "Diversidad Biológica Cubana".
De acuerdo: el conocimiento que poseemos los aficionados a la pesca acerca de estas especies no pasa de algunos rudimentos útiles para hallarlas y hacer uso de ellas como carnada. Probablemente sería una buena contribución si algún interesado abre un tema en el foro acerca de este asunto y comenzamos a intercambiar datos. Bueno si nos enfocamos en saber cómo realizar un empleo sostenible de las calandracas marinas. 

* Suárez, A. M. (1981): Poliquetos bentósicos cubanos II: Sedentaria. Cuba, Rev.Invest. Mar. 2(3):3-47.